Mi guitarra quiere matar a tu madre
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sábado, 1 de marzo de 2008

Alice Cooper - Welcome To My Nightmare (1975)




Welcome to my Nightmare


Y aunque no sea de este disco, no puede faltar:

Poison





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domingo, 24 de febrero de 2008

Frank Zappa - Joe's Garage (1979)




Dancin' Fool





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jueves, 14 de febrero de 2008

The Specials - The Singles (1991)




Gangsters





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miércoles, 13 de febrero de 2008

Triana - Una Historia (1995)




Fueron los sevillanos Smash los que, a finales de los años sesenta, empezaron a mezclar rock progresivo con flamenco, pero cuando hablamos de rock andaluz hablamos sobre todo de Triana.

No ha habido (ni habrá) otro grupo como Triana, capaces de dar a la música discos tan grandes como El Patio, Hijos del Agobio o Sombra y Luz.

El disco que subo hoy es el recopilatorio Una Historia, una buena forma de introducirse en la música este grupazo que, junto a Medina Azahara y Alameda, pusieron al rock andaluz en primera línea de la música española.


Sr. Troncoso


En el Lago





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lunes, 4 de febrero de 2008

Meat Loaf - Bat Out of Hell (1976)




Bat out of Hell




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domingo, 3 de febrero de 2008

Leño - Leño (1979)




Este Madrid





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viernes, 25 de enero de 2008

Thin Lizzy - Jailbreak (1976)




Jailbreak


Emerald




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martes, 22 de enero de 2008

The Clash - London Calling (1979)




London Calling


Guns Of Brixton



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viernes, 18 de enero de 2008

ZZ Top - Tres Hombres (1973)




La Granje


Waitin' For The Bus/Jesus Just Left Chicago




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domingo, 21 de octubre de 2007

Italo Calvino - Las Ciudades Invisibles (1972)



Las ciudades y los muertos

Jamás en mis viajes había llegado hasta Adelma. Oscurecía cuando desembarqué. En el muelle el marinero que atrapaba al vuelo la amarra y la ataba a la bita, se parecía a alguien que había sido soldado conmigo y había muerto. Era la hora de la venta al por mayor del pescado. Un viejo cargaba su carretilla con una cesta de erizos; creí reconocerlo; cuando me volví había desaparecido en una calleja, pero comprendí que se parecía a un pescador que, viejo ya siendo yo niño, no podía estar entre los vivos. Me turbó la vista un enfermo de fiebres acurrucado en el suelo con una manta sobre la cabeza: pocos días antes de morir mi padre tenía los ojos amarillos y la barba hirsuta como él, exactamente. Aparté la mirada; ya no me atrevía a mirar a nadie a la cara.

Pensé: "Si Adelma es una ciudad que veo en sueños, donde no se encuentran más que muertos, el sueño me da miedo. Si Adelma es una ciudad verdadera, habitada por vivos, bastará seguir mirándola para que las semajanzas se disuelvan y aparezcan caras extrañas, portadoras de angustia. Tanto en un caso como en otro, es mejor que no insista en mirarlos".

Una verdulera pesaba unas berzas en una romana y las ponía en un cesto colgado de un cordel que una muchacha bajaba desde un balcón. La muchacha era igual a una chica de mi pueblo que enloqueció de amor y se mató. La verdulera alzó la cara: era mi abuela.

Pensé: "Llega un momento de la vida en que la gente que uno ha conocido son más los muertos que los vivos. Y la mente se niega a aceptar otras fisonomías, otras expresiones: en todas las caras nuevas que encuentra, imprime los viejos calcos, para cada una encuentra una máscara que se le adapta mejor".

Los descargadores subían las escaleras en fila, encorvados bajo damajuanas y barricas; las caras estaban ocultas por costales usados como capuchas. "Ahora las levantan y los reconozco", pensaba con impaciencia y con miedo. Pero no despegaba los ojos de ellos; a poco que recorriera con la mirada la multitud que atestaba aquellas callejuelas, me veía asaltado por caras inesperadas que reaparecían desde lejos, que me miraban como para hacerse reconocer, como para reconocerme, como si me hubieran reconocido. Quizá yo también me parecía para cada uno de ellos a alguien que había muerto. Apenas llegado a Adelma, ya era uno de ellos, me había pasado de su ladao, confundido en aquel fluctuar de ojos, de arrugas, de muecas.

Pensé: "Tal vez Adelma sea la ciudad a la que uno llega al morir y donde cada uno encuentra a las personas que ha conocido. Es señal de que también yo estoy muerto". Pensé además: "Es señal de que el más allá no es feliz".


miércoles, 17 de octubre de 2007